Los morfemas o- y -a pueden tener distintos valores.
Pueden ser morfemas verbales que indican presente de indicativo para la primera conjugación: bail-o, bail-a; imperativo de la primera : cant-a.
Pueden ser morfemas flexivos / afijos de género, que es su uso más habitual: niño/a, conejo/, enfermero/a...
Y, en otros casos, como indica la NGLE, las terminaciones -o y -a pueden asumir otros valores y marcar diferencias de otro tipo, como las siguientes.
- Distinción de tamaño: el masculino expresa un tamaño menor que el femenino en pares como cesto/ cesta, huerto/ huerta, jarro/ jarra (aunque, en este caso, también hay diferencias en cuanto a su forma), bolso/bolsa.
- Individual frente a colectivo: la leña está formada por varios leños
- Árbol (masculino) frente a su fruto: manzano/ manzana, ciruelo/ ciruela, castaño/castaña, naranjo/naranja
- En ocasiones, aún cuando pertenezcan a la misma familia léxica, no se puede establecer entre los miembros del par ninguna relación de las vistas anteriormente: río /ría no se diferencian por el tamaño, ni por ser uno un colectivo, pero designan realidades distintas, como en el caso de brazo / braza, ligados por el lexema o soldado y soldada (el sueldo que ganaba un soldado).
Y, por otro lado, la NGLE incluye dentro de la paronimia, es decir, serían casos de coincidencia de sonidos en palabras e que tienen resonancias fonéticas pero que, en la mayoría de los casos, no tienen nada que ver -y no forman parte de la misma familia léxica- o el origen común que compartieron se ha diluido (el puerto era la entrada- la "puerta" de acceso a una ciudad por mar, pero hoy se ha perdido esa relación)). Sería el caso de los siguientes ejemplos