Una vez más los préstamos han venido a relegar la palabra o expresión castellana, esta vez en el terreno de las aficiones (o hobbies, que parece que suena mejor). Empezamos con la sigla DIY (del inglés Do it yourself) que sustituyen al "hágalo usted mismo" (en tiempos en lo que lo correcto era tratar de usted al destinatario desconocido) y que ha vuelto a estar de moda ahora que no se tira nada, que la gente quiere ocupar su tiempo en dedicaciones baratas o rentables y en la que "customizar" (otro neologismo, pero esta vez es el castellano quien lo crea) o reciclar se lleva.

Ya comentamos en otra entrada que para el término patchwork contamos con "almazuela" pero, de nuevo, da la impresión de que el producto que sale del primer término ese más moderno que el segundo.
Origami, el término japonés para referirse al arte de construir figuras diversas plegando papel ha sustituidopapiroflexia", una afición que aún nunca decayó y siempre se mantuvo más o menos estable- sobre todo en las aulas donde se siguen construyendo, a espaldas del profesor, avioncitos de papel- ).

Dejando aparte estos viejos perros con nuevos collares sí que es indudable que estamos sufriendo un aluvión de nuevos pasatiempos que, esta vez, vienen con su préstamo debajo del brazo, pues no tenemos constancia de que hubiese una palabra en castellano para designarlos.
Por ejemplo el knooking combina la técnica de la calceta pero usando una sola aguja, parecida a la de ganchillar. Uno de los resultados de esta técnica que goza de más éxito son los amigurumis (de nuevo Japón), animalitos tejidos que pueden presentarse en cualquier escenario (casa, trabajo, coche...) bien como amuleto, bien como reconocimiento afectuoso.
También viven un buen momento los mandalas (palabra de origen sánscrito) que son diseños más o menos complejos, normalmente inscritos en una circunferencia y que mientras se colorean, fomentan la relajación y la meditación.
Y si en medio de todos estas sugerencias no has encontrado una afición a la que dedicar tu tiempo, siempre puedes recurrir al "diccionaring" (que quién sabe si no acabará imponiéndose como palabra para designar el vicio de aquellos a los que nos gusta ojear los diccionarios), a los crucigramas, a la lectura...a todo aquello que te ayude a seguir controlando tu lengua.
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