Como bien sabes, el castellano es una lengua románica; esto es, que procede del latín. Un elevadísimo número de las palabras que conforman nuestro idioma son el resultado de la evolución del latín hablado por los romanos cuando invadieron la península. Son las llamadas palabras patrimoniales, cuya forma ha variado considerablemente respecto a su étimo original<. capsulam> caja, apiculam > abeja.
Pero hay otras palabras que provienen del latín cuya forma no ha variado tanto: se trata de los cultismos: directum > directo, clavem > clave.
Hablamos de doblete lingüistico cuando un étimo latino da lugar a una palabra patrimonial y una culta.
Son ejemplos de dobletes los siguientes.
Solitarius > solitario (c) y soltero (p)
Litigare > litigar (c) y lidiar (p)
Integrum > íntegro (c) y entero (p)
En otros casos el étimo no da directamente dos resultados sino que en un caso evoluciona totalmente y, en otro caso, aparece integrado en una palabra culta
Apicula> apicultor (c) y abeja (p)
Auriculam> auricular (c) y oreja (p)
Filium> filial (c) e hijo (p)
Lupum > lupanal (c) y lobo (p)
Te proponemos ahora este juego en el que tienes que organizar las palabras en grupos de tres: el étimo, la palabra patrimonial y la palabra culta.
Dobletes lingüisticos
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domingo, 7 de mayo de 2017
Los dobletes lingüísticos
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Morfología
domingo, 30 de noviembre de 2014
Cotillas, correveidiles y chafarderos
Tríada de palabras que se utiliza para designar a aquellos que disfrutan controlando y contando vidas ajenas (a veces, incluso exagerando o deformando la realidad).
Lo curioso es que la primera de las palabras, cotilla, indicaba en su origen una prenda de vestir parecida al corpiño. Esta prenda la usaba generosamente una tal María de la Trinidad, conocida en todo el Madrid de la época de Fernando VII por delatar y denunciar a los liberales y provocar el ajusticiamiento de muchos de ellos. Paradójicamente ella también acabó sus días en el cadalso. Era conocida con el nombre de Tía Cotilla (nombre con el que la conocían sus secuaces y con el que evitaban referirse a ella para preservar, en la medida de lo posible, el nombre de la cabecilla de esta banda de delatores) de modo que, con el tiempo, pasó a designar no tanto a soplones y delatores sino a los que gustan de meterse y fisgar en vidas ajenas.
La palabra correveidile (¡ojo a cómo se escribe! con "i", no con "y" *correveydile) es más transparente en su significado. Indica a lo que se dedica la persona cotilla: a, una vez que se ha enterado de algo, correr, ir y decirle a todo aquel que quiera oírla las cosas de las que se ha enterado.
Guardamos para el final aquella que tiene un origen más curioso: chafardero /a. Es una palabra que viene del catalán, safareig, que se traduce como "lavadero" (evolucionó a xafardeig y de ahí pasó al castellano como chafardero). El chafardeo era el lugar de reunión para las mujeres del pueblo que se acercaban a hacer la
colada y, de paso, a ponerse al día de comentarios, rumores y sucesos varios del pueblo, iban a "chafardear" (hacer la colada) pero les cundía la jornada para "informarse" y "ponerse al día". Por eso el verbo chafardear pasó a ser sinónimo de cotillear y el chafardero se dedica a lo mismo que el cotilla.
Y ahora, si quieres, ve a cotillear con tus amigos y cuéntales que has descubierto la curiosa historia de algunas palabras en este blog.
Lo curioso es que la primera de las palabras, cotilla, indicaba en su origen una prenda de vestir parecida al corpiño. Esta prenda la usaba generosamente una tal María de la Trinidad, conocida en todo el Madrid de la época de Fernando VII por delatar y denunciar a los liberales y provocar el ajusticiamiento de muchos de ellos. Paradójicamente ella también acabó sus días en el cadalso. Era conocida con el nombre de Tía Cotilla (nombre con el que la conocían sus secuaces y con el que evitaban referirse a ella para preservar, en la medida de lo posible, el nombre de la cabecilla de esta banda de delatores) de modo que, con el tiempo, pasó a designar no tanto a soplones y delatores sino a los que gustan de meterse y fisgar en vidas ajenas.
La palabra correveidile (¡ojo a cómo se escribe! con "i", no con "y" *correveydile) es más transparente en su significado. Indica a lo que se dedica la persona cotilla: a, una vez que se ha enterado de algo, correr, ir y decirle a todo aquel que quiera oírla las cosas de las que se ha enterado.
Guardamos para el final aquella que tiene un origen más curioso: chafardero /a. Es una palabra que viene del catalán, safareig, que se traduce como "lavadero" (evolucionó a xafardeig y de ahí pasó al castellano como chafardero). El chafardeo era el lugar de reunión para las mujeres del pueblo que se acercaban a hacer la
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| Imagen de lavanderas en Vilamayor sacada de Memoria digital de Asturias |
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