miércoles, 30 de agosto de 2017

Escribe correctamente la segunda persona de singular del pretérito perfecto simple

" Pues la gente lo dice", "Yo siempre lo digo así", son excusas que podemos oír si intentamos corregir a alguien la presencia de una -s final en la segunda persona singular del pretérito perfecto simple * aparecistes, * obedecistes, * , *salistes. En el caso de hablantes de gallego podría hablarse de interferencia ya que en esta lengua sí aparece -s en este tiempo verbal: fuches, colliches, quixeches...
Pero, aún teniendo una explicación, es igualmente incorrecto utilizarlo, aún cuando a finales de los años 80 sonaba en todas las emisoras un tema del grupo de Mecano que reproducía este error.




Así pues, si quieres escribir y expresarte correctamente en español, recuerda NO acabar las formas verbales del pretérito simple de segunda persona en -s

Aquí te dejamos un divertido  recordatorio sacado de La ortografía










jueves, 24 de agosto de 2017

¡Menuda serendipia encontrar esta entrada!

Eso es lo que tendrías que decir si estuvieses buscando el significado de la palabra "serendipia" y, sin querer, llegases a saberlo gracias a este blog. Porque lo que significa esta palabra es "hallazgo afortunado que se produce cuando se está buscando algo distinto". El ejemplo más claro para explicar este concepto sería el descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón cuando lo que realmente buscaba era una nueva ruta hacia las Indias. 

Hay quien hace venir la palabra "chiripa" (proveniente del argot del billar) que significa casualidad positiva, chorra, suerte inesperada de una evolución fonética de serendipia, pero no termina de cuajar esta teoría. 

Parece que el término nos ha llegado a partir del antiguo relato oriental "Los tres príncipes de Serendipa" , cuyos protagonistas eran capaces de resolver problemas por casualidad. Aquí te ofrecemos ese relato. 



"Érase que se era, tres príncipes de la impresionante isla persa de Serendipia. Los tres eran inteligentes, bien educados e hijos de un gran arquitecto. Su padre les había encomendado viajar a la India cuando, de repente, se toparon con unas huellas.
El primer príncipe, tras observarlas, dijo:
–Son las huellas de un camello tuerto del ojo derecho. Esto lo digo porque he visto que la hierba de la parte derecha del camino que da al arroyo estaba intacta, mientras que la de la parte izquierda que da a la colina estaba más seca y consumida.
A todo esto, el segundo príncipe, más sabio que el primero, añadió:
–A este camello le falta un diente: lo sé porque la hierba que ha arrancado tiene por encima pequeñas cantidades masticadas.
Por último, el tercer príncipe, todavía más astuto que sus dos hermanos mayores, observó:
–Eso no es todo: el camello está cojo de una de las dos patas de atrás. Seguramente la izquierda, ya que las huellas son más débiles en este lado.
A estas afirmaciones se unió la del arquitecto mayor del pueblo, que dijo:
–Por mi puesto de arquitecto mayor del reino afirmo que el camello llevaba una carga de miel y mantequilla. Lo puedo decir porque al borde del camino las hormigas comían en un lado, mientras que en el otro se concentraban abejas, avispas y moscas.-
Los tres príncipes se sintieron molestos porque la apreciación del arquitecto superaba a las suyas. Así que el segundo príncipe bajó de su camello e inspeccionó más de cerca la huella y afirmó que en él iba montada una mujer, al percatarse de pequeñas huellas sobre el barro en la ribera del río.
El tercer hermano, herido en su orgullo también aseguró que la mujer estaba embarazada, ya que al orinar se apoyó con las dos manos debido al peso de su cuerpo.
En un clima de celos y soberbia, los tres jóvenes prosiguieron su camino hasta la siguiente ciudad, donde se toparon con un mercader que estaba muy nervioso. El motivo es que uno de sus camellos con su joven esposa había desaparecido con una carga de miel y mantequilla. Los tres príncipes, al escucharlo, se pararon y le preguntaron:
–¿Era tuerto tu camello del ojo derecho?– preguntó el hermano mayor.
–Sí –le contestó el mercader intrigado.
–¿Le faltaba algún diente?– preguntó el segundo hermano.
–Seguramente, porque era viejo y se había peleado con un camello joven– respondió el mercader.
–¿Estaba cojo de la pata izquierda trasera?– le espetó el tercer hermano.
–Sí ya que se había clavado la punta de una estaca. Además llevaba una carga de mantequilla y miel y una mujer muy descuidada, ¡mi esposa embarazada que se retrasaba todo el rato y yo la dejé atrás sin darme cuenta! ¿Los habéis visto?– preguntó angustiado el mercader.
A esta pregunta los príncipes rieron a carcajadas ante el asombro del mercader.
–No los hemos visto jamás.

En ese momento los vecinos explicaron al mercader que habían visto tres salteadores tras su camello y su mujer, así que les denunció. Habían detallado tan bien al camello que nadie les creyó cuando afirmaron no haberlo visto, así que fueron detenidos y condenados a muerte… aunque finalmente apareció la mujer del mercader y fueron liberados".


Realmente no parece muy ilustrativo para aclarar el concepto "hallazgo por casualidad" sino que sus hipótesis son fruto de la deducción lógica (de hecho, parecen precursores de Sherlock Holmes), pero nos pareció apropiado incluir aquí la historia que, supuestamente, está detrás de esta palabra. 

Más aclaratorio nos parece este fragmento de la película Serendipity, en la que tanto se define el concepto como se repasan algunos ejemplos.