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jueves, 10 de septiembre de 2015

¿Somos cada vez más idiotas?

Está claro que cuando usamos esta palabra sabemos que estamos insultando a alguien aludiendo a su poca inteligencia o escasa capacidad  para entender lo que se le dice.
Traemos hoy esta palabra no por su significado sino por su etimología, que es bastante curiosa.

"Idiota" proviene del griego  ἰδιώτης (idiótes), formado sobre la raíz  ἴδιος (ídios), que la encontramos también en idiolecto, idioma, idiosincrasia...en las que se percibe más claramente su significado "propio, personal, particular". Esta palabra se utilizaba en la antigua Grecia para designar al que se preocupaba sólo por sus asuntos, sin pensar en el bien común ni en el bien de la polis. Dada la importancia que para los griegos tenia la participación en la vida pública, pronto empezó a usarse de modo despectivo y con este valor ha permanecido hasta la actualidad, si bien ahora más que despreocupado, apolítico o algo similar se ha especializado en referirse al corto de entendederas.

La verdad es que visto el cariz que están tomando los acontecimientos y la mala prensa que tiene la clase política, está claro que cada vez somos más los idiotas. Algo tendrá que hacer la clase política para que dejemos de ser idiotas, nos preocupemos y nos involucremos mas en la vida política.


 


martes, 16 de diciembre de 2014

Bellaco



Bellaco se une a la lista de improperios para designar a personas malvadas, perversas, aviesas...pero sufrió una cierta especialización a partir de su segunda acepción (astuto, sagaz), dando pie a la expresión "mentir como un bellaco", esto es, de un modo premeditado, sabiendo muy bien lo que se está haciendo (diciendo, en este caso), astutamente. Y esta
expresión da lugar a que en algún contexto y algunas zonas "bellaco" equivalga a ladino, mentiroso, falso.


domingo, 30 de noviembre de 2014

Cotillas, correveidiles y chafarderos

Tríada de palabras que se utiliza para designar a aquellos que disfrutan controlando y contando vidas ajenas (a veces, incluso exagerando o deformando la realidad).

Lo curioso es que la primera de las palabras, cotilla, indicaba en su origen una prenda de vestir parecida al corpiño. Esta prenda la usaba generosamente una tal María de la Trinidad, conocida en todo el Madrid de la época de Fernando VII por delatar y denunciar a los liberales y provocar el ajusticiamiento de muchos de ellos. Paradójicamente ella también acabó sus días en el cadalso. Era conocida con el nombre de Tía Cotilla (nombre con el que la conocían sus secuaces y con el que evitaban referirse a ella para preservar, en la medida de lo posible, el nombre de la cabecilla de esta banda de delatores) de modo que, con el tiempo, pasó a designar no tanto a soplones y delatores sino a los que gustan de meterse y fisgar en vidas ajenas.


La palabra correveidile (¡ojo a cómo se escribe! con "i", no con "y" *correveydile) es más transparente en su significado. Indica a  lo que se dedica la persona cotilla: a, una vez que se ha enterado de algo, correr, ir y decirle a todo aquel que quiera oírla las cosas de las que se ha enterado.





Guardamos para el final aquella que tiene un origen más curioso: chafardero /a. Es una palabra que viene del catalán, safareig, que se traduce como "lavadero" (evolucionó a xafardeig y de ahí pasó al castellano como chafardero). El chafardeo era el  lugar de reunión para las mujeres del pueblo que se acercaban a hacer la
Imagen de lavanderas en Vilamayor
sacada de Memoria digital de Asturias 
colada y, de paso, a ponerse al día de comentarios, rumores y sucesos varios del pueblo, iban a "chafardear" (hacer la colada) pero les cundía la jornada para "informarse" y "ponerse al día". Por eso el verbo chafardear pasó a ser sinónimo de cotillear y el chafardero se dedica a lo mismo que el cotilla.








Y ahora, si quieres, ve a cotillear con tus amigos y cuéntales que has descubierto la curiosa historia de algunas palabras en este blog.



sábado, 29 de noviembre de 2014

Insultar con arte

Nuestro lenguaje es uno de los más ricos en palabras malsonantes y
epítetos denigrantes para vilipendiar y ultrajar al prójimo (bueno, al no tan cercano, vista la fuerza de alguno de estos insultos).

Pero, a pesar de la riqueza de insultos con la que cuenta nuestro idioma, la verdad es que nos limitamos a usar un par de ellos. Por eso vamos a abrir una nueva sección en este blog dedicada a recuperar insultos para que, en caso de que necesitemos denigrar, ultrajar, ofender, zaherir o atacar verbalmente a alguien, lo hagamos con propiedad.

Que insultar bien es un arte no lo hemos descubierto aquí. Ya en el siglo XVIII un filósofo tan eminente como Shopenhauer es el último de los recursos al que apelar si se nos acaban los argumentos; de modo que debería, incluso, formar parte de los estudios retóricos y persuasivos.
Esta teoría y otras reflexiones las puedes encontrar en el libro "El arte de insultar", del propio Shopenhauer.

Para que te conviertas en un auténtico artista del insulto y para que vayas poniéndote a tono, he aquí un vídeo más de José Mota en que observamos cómo se puede insultar sin perder un ápice de elegancia y sin necesidad de usar palabras excesivamente malsonantes.

¡Que usted lo insulte bien !